viernes, 17 de marzo de 2017

Domingo 19 de marzo: III de Cuaresma (Ciclo A). San José. Día del Seminario

LECTURAS

  •  Éxodo (17,3-7
  • Sal 94,1-2.6-7.8-9
  •  Romanos 5,1-2.5-8
  • Juan 4,5-42
Aquí está, un gigante de los textos evangélicos: la samaritana. Con sus referencias a la sed insaciable, la vida insatisfecha y el don de Dios que es el único que puede saciarnos y satisfacernos. Una invitación a la gratitud por lo gratuito y al cultivo de lo que somos, para que también sirva de alivio a los que nos necesiten. Profundidad que refresca, fortaleza que consuela, confianza que restaura. Agua que somos, vida en comunicación. Hemos saltado de Mateo a Juan para que los evangelios de Cuaresma puedan cumplir su cometido de partitura de la iniciación cristiana. Y con Juan seguiremos el resto de los domingos de Cuaresma. Tras los escenarios del propio itinerario de Jesús (desierto y transfiguración, palabra y cumplimiento) Juan nos ayuda a comprender los pasos que debe dar todo cristiano en su propio itinerario de conversión y fidelidad: escucha y transformación, como la mujer de Samaria; iluminación y comprensión de nuestro propio destino como el ciego de nacimiento; y vida nueva como la del resucitado Lázaro que deja atrás lo que mata y lo que fenece. Con la samaritana, el camino de la iniciación cristiana, precedido por los pasos del propio Jesús para aceptar y ver cumplida su misión, se interna por los laberintos personales del autoconocimiento («me ha dicho todo lo que he hecho») el descubrimiento de la verdad del espíritu que gime por ser escuchado en nuestro interior («si conocieras el don de Dios») y la promesa esperanzadora de crecer y dar frutos («un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna»). Esos hitos sucesivos constituyen el fin de toda la enseñanza de Jesús y, por tanto, el quid del Cristianismo: el culto en espíritu y verdad, la religión de una espiritualidad que sume crecimiento personal y comunión vital con Dios.

viernes, 10 de marzo de 2017

Domingo 12 de marzo II de Cuaresma (Ciclo A)


LECTURAS

  • Génesis 12,1-4a
  • Sal 32,4-5.18-19.20.22
  • II Timoteo 1,8b-10
  • Mateo 17,1-9
Del desierto, donde Cristo decanta su sí al Padre, al Tabor en el que se transfigura, Jesús ha ido confirmando aquél sí con su plena dedicación al anuncio del Evangelio, con palabras y obras de misericordia. Los discípulos no se habían dado cuenta, pero cuando estaba rodeado por la multitud, cuando tocaba al leproso y hablaba con el marginado, sus vestiduras, su carne, su vida entera resplandecían ya, pues revelaba al Padre. Del Tabor al Gólgota, los discípulos tendrán que aprender a ver cómo la vida entregada de su Maestro transfigura el amor incondicional de Dios. La Transfiguración aparece en los tres evangelios sinópticos, aunque también la podemos intuir en Juan (1,14; 12,28), pero muy modificada al estilo teológico y con el interés catequético del evangelista de la palabra hecha carne y glorificada en la cruz. Mateo sigue punto por punto a Marcos. Solo añade la consideración de la reverencia y temor que produce en los discípulos: «cayeron de bruces, llenos de espanto». Así como la alentadora respuesta de Jesús: «no temáis» Es como si el Jesús de Mateo correspondiera al sentimiento sobrecogedor que producía el Dios de la antigua alianza (Moisés y Elías) con la actitud de confianza propia del hijo, conforme a la revelación que el propio Jesús predica de Dios como Padre. Así, la Transfiguración mateana enlaza este episodio epifánico con su línea de mostrar a Jesús como cumplimiento de las palabras que se recogen en la Palabra de Dios: el cumplimiento de las Escrituras. Ese «no temáis» y la presencia ya solo de Jesús, y «nadie más», bien pudiera indicar la convicción que Mateo quiere transmitirnos de que Jesús es suficiente, con sus palabras y su vida, para entender a Dios y recobrar la confianza en Él, propia de hijos. En otros pasajes, el mismo Mateo se encargará de explicitar que no hemos de tirar por la borda la antigua alianza, pero hemos de verla en plenitud en el Hijo del Hombre resucitado. Por eso mismo, merece la pena, hasta que llegue su resurrección, y tras este paréntesis de gloria, de ver en toda su humanidad las peripecias del predicador y sanador de Nazaret, aun cuando sepamos, como Pedro, Juan y Santiago, que en Él se complace el Padre de los siglos.




lunes, 6 de marzo de 2017

Cuaresma 2017


Comunicamos las actividades programadas en la parroquia y el Arciprestazgo para esta Cuaresa.
  • Oración y Eucaristía: Martes de Cuaresma 9.30 
  • Via Crucis: Viernes de Cuaresma 19h. 
  • Meditaciones cuaresmales sobre los cánticos del siervo (Isaías): Sábados de Cuaresma 20h.
  • Lectio Divina: Domingos de Cuaresma 20h. 
  • Charlas cuaresmales: Miércoles 5, jueves 6 y viernes 7 de abril 20h. 
  • Celebración comunitaria de la Penitencia: Jueves 6 de abril 20h: 

El Arciprestazgo de la Purísima nos propone un Retiro para el sábado 11 de marzo, de 17 a 19h. en la Casa de Ejercicios.

viernes, 3 de marzo de 2017

Domingo 5 de marzo: I de Cuaresma (Ciclo A)


LECTURAS

  • Génesis 2,7-9;3,1-7
  • Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17
  • Romanos 5,12-19
  • Mateo 4,1-11
Segunda parte del díptico que resume el tiempo de preparación y decisión que precede a la misión de predicar el Reino. En la primera parte, es el Bautista el que tienta, de algún modo, a Jesús, dando por sentado el final del proceso al que el propio Jesús quiere dedicarle su esfuerzo y su tiempo: "Yo soy el que necesisto que tú me bautices ¿Y tú vienes a mí?". Bien es cierto que esta firmeza confesional del Bautista es una conclusión que los cristianos adelantan, si bien el profeta hijo de Zacarías e Isabel, seguro que llegó a ese reconocimiento de lo que Jesús era, pero solo después de comparir con él la aridez, soledad y autenticidad del desierto. El desierto, lo que fuimos después del paraíso y al que hemos de retornar de vez en cuando para encontrar el paraíso de la presencia constante y recreadora de Dios. Sin Dios, no hay frutos sabrosos, ni árbol de la vida, ¿cómo íbamos a saber del bien y del mal sin Dios, que es la cumbre de mis alegrías? Si tras la caída fuimos del paraíso al desierto, para volver al paraíso que es vivir por la fe, hay que pasar días, o al menos horas en el desierto. En el caso de Jesús, en la versión concentrada que nos ofrecen los evangelios, esa introspección y contemplación que se abre a la infinita mirada de Dios, gira en torno a las tres posibles falsificaciones de la verdadera identidad y misión del Hijo de Dios: en primer lugar, con palabras de Francisco, autorreferencialidad, que todo gire alrededor de uno mismo; luego viene el inmediatismo reflejado en el utilitarismo de lo religioso, en este caso, del milagro; por último, las servidumbres mil que se oponen a la libertad de los hijos de Dios, que sólo reconocen a Dios por señor. No se trata de tentaciones morales, como las de san Antonio (el pan, la comodidad, el orgullo...) sino de direcciones existenciales que han de sostener la moral entera. En este caso, frente a esas falsificaciones, Jesús opta por la dirección del servicio, la gratuidad y la plena liberación de espíritu. Ni que decir tiene que esas serán las mimbres de su predicación y de su modo de vida.

RETIRO DEL ARCIPRESTAZGO DE LA PURÍSIMA:
El sábado 11 de marzo, de 17h. a 19h. en la Casa de Ejercicios tendremos el Retiro de Cuaresma del Arciprestazgo. Será sobre las discípulas de Jesús en Marcos. Una ocasión para reflexionar y orar con el modelo de discipulado de las mujeres que aparecen siguiendo y ayudando a Jesús en el evangelio que estamos trabajando en la Misión Diocesana.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Miércoles de Ceniza. Cuaresma

LECTURAS DEL MIÉRCOLES DE CENIZA

MENSAJE DE CUARESMA DEL PAPA: LA PALABRA ES UN DON, EL OTRO ES UN DON

Con motivo del comienzo de la Cuaresma os comunicamos que en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán haremos las siguientes actividades para vivir en comunidad este tiempo de reflexión y renovación de nuestra respuesta a la llamada de Cristo:

  • Miércoles de Ceniza: Misa con imposición de la ceniza: 20h.
  • Martes de Cuaresma 9.30 Oración y Eucaristía
  • Viernes de Cuaresma 19h. Via Crucis
  • Sábados de Cuaresma 20h. Meditaciones cuaresmales sobre los cánticos del siervo (Isaías)
  • Domingos de Cuaresma 20h. Lectio Divina
  • Miécoles 5, jueves 6 y viernes 7 de abril 20h. Charlas cuaresmales
  • Jueves 6 de abril 20: Celebración comunitaria de la Penitencia

El Arciprestazgo de la Purísima nos propone un Retiro para el sábado 11 de marzo, de 17 a 19h. en la Casa de Ejercicios.

Os deseamos un fecundo tiempo de oración, contemplación y conversión.

viernes, 24 de febrero de 2017

Domingo 26 de febrero. VIII de Tiempo Ordinario (Ciclo A)

LECTURAS


  • Isaías 49,14-15
  • Sal 61,2-3.6-7.8-9ab
  • I Corintios 4,1-5
  • Mateo 6,24-34

Como encogidos, espiritualmente, no nos atrevemos a confiar en Dios y en las fuerzas que Él nos da, en su plan de vida y salvación para todos, especialmente para los más débiles. Ser solidarios, generosos, no es un mandamiento más, es la consecuencia de sentirnos parte de ese plan y enriquecidos por su amor. Esta solidaridad, esta acción social y comprometida nacen pues, de la espiritualidad, que es fe y es fraternidad. Esas son nuestras cartas para no vivir para tener y estar por encima del dinero y su dependencia. Una espiritualidad que requiere tanta determinación y planificación como otros proyectos, incluidos los sociales y caritativos. Porque la búsqueda del Reino no es un apartado más de ese saber que dicen no ocupa lugar, sino el fin de los fines y la meta de las metas. Por eso mismo, la búsqueda espiritual y su desarrollo como el hilo conductor de nuestras vidas, no puede limitarse a tiempos y espacios determinados, sino que debiera convertirse en nuestro estilo de vida. Gracias a esa continuidad por debajo de todas nuestras acciones y planes, la espiritualidad puede ser tan firme e incesante como lo es la red hecha de muchos nudos, pero consistente y efectiva. La sobriedad del que ya no vive para tener y lo que tiene es para vivir y ayudar a vivir a otros, esa economía personal (de recursos y cualidades, de cosas y actitudes) resulta ecológica por no ser explotadora, solidaria por no ser egoísta, generosa por deberse al amor que todo lo informa.

jueves, 16 de febrero de 2017

Domingo 19 de febrero: VII de Tiempo Ordinario (Ciclo A)

LECTURAS


  • Levítico 19,1-2.17-18
  • Sal 102,1-2.3-4.8.10.12-13
  • I Corintios 3,16-23
  • Mateo 5,38-48


Para entenderse y no matarse, hace falta una «ética de mínimos» ¿seguro?, ¿sólo con los «mínimos» de no matarnos y no atropellarnos es suficiente? Es cierto que no sería poco llegar a esos mínimos, pero con Jesús vamos más allá, hacia el perdón, la solidaridad, la compasión, la empatía... hasta la fraternidad. Esos máximos que marca el amor fraterno tirarán de nosotros para cumplir los mínimos y no quedarnos en ellos, si no, puede que ni lo uno ni lo otro. Por esa vía, Jesús, además de radicalizar la ley de Moisés en la dirección de alcanzar el máximo posible, se convierte en una propuesta pedagógica de auto-exigencia y aprendizaje permanentes. Sin esta dimensión pedagógica, si nos quedamos únicamente en el resultado final, en la meta apuntada al final del camino, la nueva ley no lo es tanto y enferma del "mal de la piedra", que no es otro que la literalidad y el "normativismo". Por eso, la moral del Evangelio, además de radicalizar la antigua ley, la interioriza, hasta convertirla en algo que surge de nuestra propia fidelidad a nosotros mismos, en cuanto que ya no podemos ser sin traicionarnos más que cuando somos como esa ley del amor y la reconciliación nos indica. Ley, por tanto, que no es externa sino intima, que, venida de Dios, se convierte en nuestra única posibilidad de realización plena de nuestra humanidad, ya inseparable de nuestra filiación de Dios. Radicalización e interiorización coinciden en el gran hito de la autenticidad, como personas, como hijos de Dios. Por eso, los premios ya están dados, pero solo se cobran cuando de veras vivimos lo que creemos, practicamos lo que confesamos, cumplimos lo que somos. Esa es la perfección que el Padre nos otorga y que a nosotros toca recibir cumplidamente.

sábado, 11 de febrero de 2017

Domingo 12 de febrero: VI de Tiempo Ordinario (Ciclo A)

LECTURAS


  • Eclesiástico 15,16-21
  • Sal 118,1-2.4-5.17-18.33-34
  • I Corintios 2,6-10
  • Mateo 5,17-37

Pero "yo os digo" que podéis ir más allá de lo mandado para hacer el bien, podéis actuar por encima de lo prohibido para evitar el mal; podéis estar al margen de la costumbre para atreveros con lo novedoso; incluso, podríais, si os lo proponéis, profundizar vuestra espiritualidad, radicalizar la caridad, superaros en generosidad, hasta ser sabios en lo divino, que es lo que nos hace más humanos. En fin, poder, se puede. Pero, si aún no nos sintiéramos capaces de esa ascensión hacia lo más alto de la escala moral, por lo menos es un alivio descubrir que existen esos niveles superiores de humanidad, que hay más horizonte hacia el que caminar y metas más largas a las que aspirar. Cuando el listón está tan alto, tal vez se nos ocurra pensar que si no llegamos a la máxima cota no servimos para nada, pero también sirve esa radicalidad de la propuesta de Jesús, para tirar de nosotros y en el esfuerzo por conseguirlo, crecer, aprender y dar más de sí. Mientras lo intentamos, se desarrolla nuestra esperanza porque la promesa lo merece; practicamos y experimentamos nuestras cualidades y recursos que todos tenemos; en fin, ejercitamos y movemos las energías que el Espíritu nos ha dado. Esta es la sabiduría de los perfectos a la que se refiere Pablo (ICor 2,6-10), no tanto la de los que ya han alcanzado el ideal, cuanto la que anima a los que, al menos, lo deseamos, nos ponemos a ello y, con muchas debilidades a rastras, hacemos el esfuerzo de ser mejores, no "los mejores", sino mejores que ayer.

jueves, 2 de febrero de 2017

Domingo 5 de febrero: V de Tiempo Ordinario (Ciclo A)

LECTURAS


  • Isaías 58,7-10
  • Sal 111,4-5.6-7.8a.9
  •  Corintios 2,1-5
  • Mateo 5,13-16
Qué misteriosa y sorprendente esta luz que mana del madero sangriento y sin embargo aclara zonas de vida incluso en la muerte, la enfermedad, la pobreza, la confusión... como un faro en la noche, de aquella cruz salen chorros de luz hasta hacer luminosas nuestras propias vidas. Pero fijémonos bien, porque si el patíbulo del Viernes Santo resplandece se debe al camino que llevó a Jesús hasta colgar de él, el camino de la fidelidad, la confianza y el amor sin medida. La cruz no apagará, sino todo lo contrario esa claridad de la propuesta evangélica: las personas son más importantes que las cosas, más valiosas que sus ideas, su dignidad sobresale por encima de su comportamiento, no digamos ya de sus bienes económicos o de su posición social. De esta manera, la muerte y resurrección de Jesús multiplicarán lo esencial de su mensaje, adherido al verdadero culto en espíritu y verdad, que a Dios se le ama respetando la dignidad del otro, valorando sus cualidades, con gratitud hacia su testimonio y solidaridad compasiva en el infortunio y la desdicha. Todo lo cual redunda en la necesidad de favorecer la dimensión pública -política- de nuestra fe, que como las ciudades, es para habitarla y hacerla hospitalaria. ¿Cómo íbamos a esconder esta luminaria que somos? Sea, pues, para gloria de nuestro Padre.

viernes, 27 de enero de 2017

Domingo 29 de enero: IV de Tiempo Ordinario (Ciclo A)

LECTURAS


  • Sofonías 2,3;3,12-13
  • Sal 145,7.8-9a.9bc-10
  • I Corintios 1,26-31
  • Mateo 5,1-12a

Por debajo de las bienaventuranzas, además de la confirmación por parte Jesús, de que Dios está por la plena felicidad de todas las personas, por la dignidad y la justicia que son requisitos mínimos para esa felicidad, hay una espiritualidad de la alteridad: el otro, su destino y su bienestar, forman parte del sentido de la vida y del contenido de la fe. La religión de Jesús, en su línea profética de radicalización de la fe de Israel, redescubre en el rostro del hermano, la voluntad de Dios. No se equivocan pues, los que, sin restarle a este evangelio, su perspectiva escatológica, su mirada hacia una plenitud que rebasa nuestros límites temporales, lo traducen como una propuesta ética para el presente, en un ideario de solidaridad compasiva y compasión activa. Porque es cierto que solo en el futuro de Dios se totalmente saciadas las justas expectativas de los pacíficos y las reivindicaciones de todas las víctimas del injusto orden presente. Pero mientras llega o llegamos nosotros a ese horizonte último y siempre fuera de nuestra corta andadura mortal, el presente se convierte en lanzadera que tira de nuestra esperanza para desplegar todas las energías y compromisos necesarios para acercarnos a la erradicación del hambre de pan y la saciedad del hambre de justicia. Lejos de convertirse en una escapatoria de la urgencia de las necesidades y desigualdades, la esperanza en un futuro de bienaventuranza es motivación para que nos unamos contra lo que aquí ahora merma nuestro derecho a la felicidad integral y universal. Puede que tuviera razón Marx en que por mucho tiempo, esta fe en el futuro de Dios se empleó como excusa para aplazar a la otra vida la justicia que faltaba en ésta, pero son muchas las vidas cristianas que se han empleado a fondo en gastar sus días contados para lograr adelantar siquiera un poco, lo que abarcaban sus fuerzas, la fraternidad y la equidad. Me decía una vez un querido amigo, activista admirable de las causas de la paz, la justicia y la defensa de la naturaleza: «Vosotros, los creyentes, tenéis la suerte de trabajar a muy largo plazo»... y tan largo, por eso, con ahínco y mucha generosidad hacemos lo posible por acortarlo.

En la línea de la bienaventuranza "Dichosos los que trabajan por la paz" el 30 de enero, a las 20h. en la parroquia del Buen Pastor, Justicia y Paz, la comunidad Baha'i, la Iglesia Adventista y la comunidad Musulmana, convocan la ORACIÓN INTERRELIGIOSA POR LA PAZ.